EL DINERO EN EL MATRIMONIO

EL DINERO EN EL MATRIMONIO

El dinero, hoy en día, hay que buscarlo como sea y al precio que sea, sin darnos cuenta que éste es quizá el producto de más alto precio. Por obtenerlo estamos dispuestos a vender nuestro tiempo en la familia, la compostura de nuestros nervios, nuestras arrugas en la cara y el equilibrio emocional.
 
Un viejo amigo bastante ocurrente solía comentar que el dinero sólo valía para pagar las facturas. El problema está en la cantidad de facturas que cada uno de nosotros es capaz de generar.  
 
Valdría la pena observar el contenido de su carro de compras a la salida de un supermercado, y preguntarse cuántos artículos de aquéllos hubiera comprado nuestra madre hace treinta años...Nos quedaríamos asombrados. El crecimiento de necesidades se ha dispersado en proporción geométrica, en una sed insaciable.    
 
¿Se ha preguntado alguna vez cuántos aparatos de TV hay en casa? ¿Cuántos videos, cámaras, retroproyectores, equipos de sonido, discos, DVD, Blue Rays? ¿Cuántas botellas de alcohol se consumen al mes? ¿Cuántas noches se cena fuera de casa? Además de las vacaciones, las salidas al extranjero de todos los hijos, con suficiente dinero en el bolsillo,  las vacaciones de Semana Santa, etc. Y ¿cuántos fines de semana se dedican al turismo, etc.?    
 
La lista podría ser interminable mientras que el incremento de necesidades está pidiendo irremediablemente un aumento de dinero. Actualmente la tendencia es que hay que buscarlo como sea y al precio que sea, sin darnos cuenta que el dinero es quizá el producto de más alto precio. Por obtenerlo estamos dispuestos a vender nuestro tiempo en la familia, la compostura de nuestros nervios, nuestras arrugas en la cara y el equilibrio emocional. Todo vale y cualquier trueque es aceptable, pero es urgente una cruzada de sobriedad.  
 
Ante este afán desmedido de dinero, ¿qué ocurre en el matrimonio? Que se convierte en el becerro de oro. Muchas desaveniencias conyugales empiezan aquí y terminan destrozando la paz. En ocasiones la raíz está en otro lado, pero al ponerse en contacto con ´la moneda´ cristaliza el conflicto.    
 
¿Quién gana más? ¿Por qué no gana más? ¿Quién gasta más? ¿Para qué ahorrar? No olvidemos que el hombre está expuesto a las mayores mezquindades y una de ellas no es olvidarse de quién es su Dios sino equivocarse de Dios.    
 
¡Cuanto más dinero entra en casa más se gasta! ¡Yo para qué voy a ahorrar, si él se lo gasta en sus caprichos! ¡Hay que estar al nivel y dar buena imagen, no podemos quedarnos atrás! ¡Mi mujer es una adolescente; no tiene ni idea de lo que vale el dinero!   Son situaciones de todos los días cuya única salida es hablar serenamente, ´ponerse de acuerdo´, analizar con objetividad la situación y tomar las medidas correspondientes, que sean las más acertadas.    
 
Es necesaria la unidad y la transparencia en el uso del dinero en la pareja. Los dos deben tener una noción cabal de lo que se necesita y de lo que se dispone. Dejar cada día el dinero en el velador, al marcharse a trabajar, es una actitud denigrante para la mujer que no trabaja. Ocultar el dinero del que se dispone cada mes para afrontar los gastos de la casa, es considerar al cónyuge menor de edad y condenarlo indefinidamente a serlo.  
 
Ese camino sólo conduce a que la mujer tenga que echar mano de coacción afectiva y estar de mal humor cada vez que no le dan algo, o redoblar sus mimos para obtener la satisfacción de una necesidad. En cualquier caso una postura denigrante para cualquier ser humano.  
 
Si deseamos armonía es necesaria la unidad de criterios y la información total de los dos. De este modo se evitará que, por desconocimiento, se desencadene el deseo de tener algo en el momento más inoportuno.   Saber prescindir de lo superfluo  
 
He aquí el gran hallazgo. He aquí el gran reto que requiere un gran entrenamiento. Un entrenamiento que sólo se obtiene ponderando los bienes que tenemos, sabiendo estar desprendidos de ellos y aceptando, cuando llegue la ocasión, el contentarse con menos de lo necesario.    
 
Por: Antonio Vásquez, ´Matrimonio para un tiempo nuevo´. Fuente: Edufam 

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